Sobre la toma de decisiones y los consejos de los demás
Hay veces en las que uno recibe consejos. A veces porque los pediste, a veces sin pedírselos a nadie. En ambos casos, a veces te vienen bien, otras te vienen mal, y otras te rompen francamente las pelotas.
Casos en los que mi madre o cualquier otra persona me dice: “No vayas para allá porque te vas a dar la cabeza contra la pared”. Entonces yo miro, evalúo la situación y digo: “Hmmm, tiene razón. Mejor no hago esto porque voy a obtener malos resultados”. Entonces sigo el consejo.
Casos en los que me dicen: “No hagas esto, no te conviene”. Uno mira la situación, pero no le queda claro si realmente le conviene o no. Por más que el otro te diga que vas a obtener malos resultados, vos no estás seguro. ¿Y si a lo mejor no era tan mala opción? Entonces, tenés dos caminos: a) Seguir el consejo, aunque no estés muy seguro; o b) No seguir el consejo, y hacer lo que pensabas hacer inicialmente.
En estos casos, creo que, si realmente estoy en la duda, yo seguiría la opción b. Si me sale bien, mejor. Si me sale mal, en cambio, creo que prefiero darme la cabeza contra la pared por mí misma, prefiero aprender de mis propios errores, y no decir en un futuro: “Pensé en hacer tal cosa, pero me aconsejaron que no, y me quedé con la duda”.
Esto en cuanto a consejos. Entiendo por “consejo” algo formulado más o menos así: “Pienso que te conviene / no te conviene hacer tal cosa en esta situación, por este motivo” o “Si yo estuviera en tu lugar haría tal cosa”. Este tipo de frases enunciadas con un cierto dejo respetuoso de “es mi opinión, pero vos hacé lo que creas mejor” son las que tienen posibilidades de caerme bien, y de que las tome bien.
En cambio, cuando me dicen: “Vos hacé esto” o “Vos lo que tenés que hacer es aquello”, me da por las pelotas terriblemente. Tal vez a mis 23 años soy todavía una adolescente rebelde, pero me molesta mucho que me digan directamente lo que tengo que hacer. Me revienta que cualquier persona, aunque sea por un momento, se arrogue el derecho de cuestionar mis decisiones, es decir, lo que yo elijo hacer con mi vida. Claro, lo lógico sería no darles bola. Pero desgraciadamente me da tanta bronca que me hago mala sangre cuando veo actitudes así.
No hay cosa que me moleste más que el hecho de que me digan lo que tengo que hacer. No me molesta un consejo bien dado, pero sí que critiquen mis decisiones. Creo que es mejor aprender de tus propios errores. Hasta que no experimentás las cosas por vos mismo, no te das cuenta de lo que es mejor. Si sólo vivís tu vida en base a los consejos de otros, no vas a aprender a valerte por vos mismo ni a tomar tus decisiones cuando ya no haya nadie para aconsejarte. Cuando seas mayor, y tengas que dar un consejo, ¿cómo vas a decir: “En mi experiencia, esto es lo más conveniente”? ¿Qué “experiencia”, si no vas a tener una experiencia propia? Vas a haber vivido tu vida haciendo caso a lo que dicen los demás, y es probable que te ahorres muchos problemas, disgustos y dolores de cabeza (al fin y al cabo, eso es lo que la gente busca al darte consejos, suponiendo que estos sean bien intencionados, ¿no?), pero también es probable que no aprendas nada sobre cómo vivir solo, cómo encontrar el rumbo de tu vida.
Me hincha soberanamente las pelotas que diferentes personas (todas con el mayor amor del mundo, con las mejores intenciones y porque me quieren mucho, eh? No es que no me de cuenta de eso) critiquen mis decisiones: desde cómo trato a mi novio, qué vocabulario utilizo, cómo empleo mi tiempo, a qué cosas le doy prioridad, en cuántas materias me anoto, qué idiomas estudio, etc, etc, etc… ¡Déjenme de romper la paciencia! Y si me la rompen, por lo menos sean más inteligentes y háganlo en forma de consejo, como decía más arriba xD Así tienen un poco más de chances de que los escuche.
Porque me di cuenta de algo: cuando la “sugerencia” es formulada en un tono imperativo, ¡logra despertar en mí una rebeldía instantánea, el sentimiento urgente de hacer lo contrario! Y hasta a veces… ¡aun si estoy de acuerdo! A tal punto me irritan las órdenes, que si me das un buen consejo en forma de orden, es muy probable que te responda a los gritos y en desacuerdo con lo que me dijiste. Luego voy, y hago lo que me dijiste que hiciera, porque en realidad estaba de acuerdo con vos en que es lo mejor… sólo quería dejar en claro, a mi estúpida manera, de que no acepto órdenes de nadie xD Cosas locas que hace la gente pirada como yo =P
Por ser como soy, mi mamá suele llamarme “rebelde”. Esto ha hecho que odie bastante ese término. Porque no me dejo manejar, ¿me llaman rebelde? Porque quiero aprender de mis propios errores y no seguir en todo lo que me dicen los demás, sino que prefiero aprender el significado y el valor del tiempo y de otras cosas por mí misma, sólo por eso, ¿soy rebelde? Yo creo que no. Y si lo soy, entonces no creo que el término sea tan malo, no creo que sea tan malo ser rebelde si ese es el sentido. Básicamente no me gusta que mamá me llame rebelde porque creo que he sido una hija bastante complaciente, en el sentido de que, según creo, fui una “niña buena” en mi adolescencia. Nunca fui a los boliches, nunca tomé una gota de alcohol, nunca probé ni experimenté con drogas, nunca me llevé una materia, nunca tuve amigos que a mi madre no le gustaran, no tuve novio hasta los 21, ni nada que se le parezca… en resumen, bastantes madres dirían que soy la hija perfecta xD Por supuesto que eso no es verdad, ya que tengo muchos defectos (por ejemplo un carácter insoportable =P). Pero me da bronca que después de todo eso, todavía alguien pueda tener el tupé de llamarme rebelde a mí... Jajajajaja!! Ahora que lo pienso la idea es bastante graciosa xDD Si algún joven normal de hoy en día lee este post, probablemente ahora debe estar azorado ante lo que consideraría lo aburrido, gris y pedorro de mi adolescencia. No es tan así… cada uno arma su vida como puede en base a los factores que lo rodean y a los propios gustos e intereses de cada uno. “Yo soy yo y mi circunstancia”. Pero creo que no merezco que me llamen rebelde, es decir, creo que no lo soy. ¿Qué quieren de mí, che? =P
Dicho todo esto, creo que uno de los tantos motivos por los cuales amo a mi novio, es que él muuuuy rara vez me dice lo que tengo que hacer. Jamás me da órdenes, y cuando le hablo de mis preocupaciones me aconseja con su voz calma; pasada la conversación, no se vuelve más sobre el tema. Si seguí o no su consejo, él no lo dice, no lo comenta, no lo cuestiona. No trata nunca de torcer mi voluntad. Eso… se siente realmente bien =)
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